Equinox
Sigo esperando la catarsis. Lo trascendental. Veo sus palabras formándose en el aire y estoy lejos, en una vida que me va bailando por detrás de las pupilas. Lo rozo todo con la punta de los dedos. Es un sueño premonitorio. Yo ya sé lo que su boca no dice e intento arrancarle, con la punta de la lengua, con bocados rigurosos, la verdad que se ha escondido en la garganta. Me miro las manos. Me cuento los dedos y me digo que son pocos para una cintura con tanta ambición. Se me llena la boca de orgasmos: de los buenos, de los que fingí, de aquellos en los que me embarco en un suspiro, a quemarropa. Le miro las manos y cuento. Sus dedos tampoco me bastan. Sus dedos que quieren abarcarlo todo y no saben tocarme. Sus dedos que mienten. Sus dedos tampoco van a poder sujetarme los miedos, los sueños, las dudas. Sus dedos, no quieren. Mis dedos sí. Aunque sean pocos, aunque sólo tenga dos manos para abrazarme las costillas. Mis dedos recorren como si fuera la primera vez este ...